El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este miércoles que llamó “loco” al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, durante una conversación telefónica sostenida el pasado lunes, en medio de crecientes tensiones por la ofensiva militar israelí contra Hezbollah en Líbano.
La revelación surge luego de que varios medios estadounidenses reportaran que Trump expresó su frustración por las acciones militares de Israel, las cuales, según entiende la Casa Blanca, podrían poner en riesgo las conversaciones diplomáticas que Washington impulsa con Irán para reducir las tensiones en Medio Oriente.
En una entrevista con el programa “Pod Force One” del New York Post, Trump reconoció que estaba “un poco perturbado” por la situación y admitió haber cuestionado las decisiones de Netanyahu. Sin embargo, intentó minimizar cualquier señal de ruptura entre ambos líderes.
“Hemos trabajado muy bien juntos. Me gusta mucho Bibi. Y trabajo muy bien con él”, afirmó Trump, utilizando el apodo con el que comúnmente se conoce al mandatario israelí.
Las declaraciones reflejan uno de los momentos de mayor fricción pública entre ambos dirigentes desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Aunque Estados Unidos continúa respaldando a Israel como uno de sus principales aliados estratégicos, la administración estadounidense busca evitar una escalada regional que complique las negociaciones con Irán y aumente la inestabilidad en Medio Oriente.
Analistas internacionales señalan que la ofensiva israelí contra Hezbollah ha generado preocupación en Washington debido al riesgo de que el conflicto se extienda a otros países de la región. Al mismo tiempo, cualquier deterioro en las relaciones entre Trump y Netanyahu podría tener implicaciones significativas para la política exterior estadounidense y para el futuro de las conversaciones de paz.
Pese al intercambio de palabras, Trump insistió en que mantiene una relación sólida con Netanyahu y aseguró que ambos comparten la experiencia de liderar sus respectivos países en tiempos de conflicto.
La controversia ocurre en un momento particularmente delicado para la región, donde los esfuerzos diplomáticos para contener la violencia conviven con operaciones militares que amenazan con abrir nuevos frentes de confrontación.



