SAN JUAN — Puerto Rico pasó años tratando de dejar atrás una Autoridad de Energía Eléctrica operando directamente el sistema. Ahora, para sacar a LUMA, la AEE vuelve a aparecer en el libreto.
La posibilidad surge dentro del escenario de transición que el Gobierno ha presentado en su batalla judicial para invalidar la extensión contractual que mantiene a LUMA operando el sistema de transmisión y distribución.
Si la administración prevalece, una de las alternativas contempla que la AEE pueda asumir temporalmente determinadas funciones mientras se completa el proceso para incorporar a otro operador.
La propuesta tiene una ironía difícil de ignorar.
Puerto Rico no llegó al modelo de operación privada por casualidad. La AEE terminó bajo un proceso de quiebra después de décadas de endeudamiento, problemas financieros, falta de inversión suficiente y deterioro acumulado de la infraestructura eléctrica.
A partir de esa crisis, el país adoptó una política pública dirigida a colocar la operación del sistema en manos privadas. Ese proceso eventualmente produjo la llegada de LUMA.
Ahora, para cumplir la promesa política de sacar a LUMA, el Gobierno contempla utilizar temporalmente la misma estructura que Puerto Rico pasó años tratando de sustituir.
La participación de la AEE podría ser provisional, pero provisional no significa sencillo. La red eléctrica no puede detenerse mientras el Gobierno busca otro operador.
Hay que manejar sistemas tecnológicos, empleados, mantenimiento, proyectos de reconstrucción, contratos y trabajos financiados con miles de millones de dólares en fondos federales.
Y hay un detalle todavía más importante: el Gobierno no ha presentado ante el país un operador sustituto contratado y listo para asumir inmediatamente.
Por eso la AEE aparece como alternativa. No como puente hacia un reemplazo que ya está esperando para entrar, sino como una posibilidad mientras ese reemplazo se consigue.
Ahí es donde la discusión cambia. Ya no se trata solamente de sacar a LUMA. Se trata de determinar qué Puerto Rico está dispuesto a colocar en su lugar.
La administración de Jenniffer González convirtió la salida de LUMA en uno de sus compromisos políticos más visibles. Pero gobernar comienza precisamente después de cumplir una promesa. Una campaña puede decir quién se va. Una política energética tiene que saber quién entra.
Y si el camino para sacar a LUMA termina llevando nuevamente a la AEE, aunque sea temporalmente, el Gobierno tendrá que explicar por qué Puerto Rico debe mirar hacia atrás para poder avanzar.
La pregunta prácticamente se hace sola: ¿transformación energética o rewind?



