Irán reiteró que no permitirá el acceso del Organismo Internacional de Energía Atómica (International Atomic Energy Agency) a instalaciones nucleares que habrían sido dañadas en recientes ataques, manteniendo su posición de que no existe acuerdo vigente para esas inspecciones.
El gobierno iraní insiste en que cualquier verificación debe seguir los protocolos habituales del Tratado de No Proliferación Nuclear, pero rechaza controles extraordinarios en sitios sensibles o recientemente impactados.
La decisión se produce en medio de un aumento de presión diplomática desde Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha exigido mayor acceso de inspectores internacionales y transparencia sobre el programa nuclear iraní.
Por su parte, el director general del OIEA, Rafael Grossi, ha afirmado que las inspecciones podrían reanudarse “pronto”, aunque Teherán niega que exista autorización formal para ello, lo que abre una nueva disputa sobre el alcance real de la supervisión internacional.
El punto crítico del conflicto es la verificación del estado de las instalaciones tras los ataques: mientras el OIEA busca confirmar daños, niveles de actividad y posible material enriquecido, Irán acusa a Occidente de usar las inspecciones como herramienta de presión política.
La falta de acceso podría complicar aún más las relaciones entre Irán y las potencias occidentales y reavivar tensiones sobre posibles sanciones o medidas diplomáticas.



