NUEVA YORK — Javier Milei regresó al podio de las Naciones Unidas con un discurso que combinó política exterior, soberanía, economía, tecnología y una dura crítica al funcionamiento del propio organismo que lo recibió.
Durante su intervención ante la 81.ª Asamblea General, el presidente argentino concentró buena parte de su mensaje en las Islas Malvinas y cuestionó que Naciones Unidas produzca resoluciones que, con el paso de las décadas, no necesariamente se traducen en consecuencias.
Milei convirtió el histórico reclamo argentino sobre las islas en uno de los ejes de su discurso y sostuvo que su gobierno está dispuesto a pasar de una defensa esencialmente discursiva a una estrategia que describió como “pacífica, práctica y efectiva”.
Argentina mantiene una disputa de soberanía con el Reino Unido sobre las Malvinas, conocidas por los británicos como Falkland Islands.
El mandatario confirmó que su gobierno ha presentado protestas diplomáticas, utilizado mecanismos jurídicos y aplicado sanciones contra empresas relacionadas con la explotación de recursos en el área disputada. También recordó el envío al Congreso argentino de legislación relacionada con la defensa de la soberanía.
Milei insistió en que Buenos Aires busca una solución pacífica e instó al Reino Unido a retomar las negociaciones.
Pero acompañó ese llamado con una advertencia: Argentina no permanecerá esperando indefinidamente una respuesta de la comunidad internacional.
“Argentina va a tomar cartas en el asunto”, declaró.
LA ONU EN EL CENTRO DE SUS CRÍTICAS
Milei no limitó su mensaje a las Malvinas.
El presidente sostuvo que existe una distancia entre los principios fundacionales de Naciones Unidas y la capacidad actual del organismo para hacerlos cumplir.
Su crítica fue mucho más amplia.
Cuestionó el crecimiento de la burocracia internacional, acusó a Naciones Unidas de intervenir en asuntos que corresponden a los Estados y utilizó algunas de las expresiones más fuertes de toda su intervención para describir el funcionamiento de la organización.
También retomó su cuestionamiento a las políticas aplicadas internacionalmente durante la pandemia y defendió la decisión argentina de abandonar la Organización Mundial de la Salud.
El planteamiento de Milei fue que la cooperación internacional no debe convertirse en subordinación de los países a estructuras supranacionales.
ARGENTINA MIRA A ESTADOS UNIDOS E ISRAEL
El presidente argentino tampoco dejó dudas sobre dónde pretende colocar geopolíticamente a su país.
Milei reafirmó el alineamiento de Argentina con Occidente y señaló específicamente a Estados Unidos e Israel como socios con los que su gobierno identifica afinidades de valores e intereses estratégicos.
También condenó las acciones de Irán contra Israel y recordó los atentados ocurridos en territorio argentino en 1992 y 1994.
La definición marca una política exterior que Milei presentó sin ambigüedades: mayor acercamiento a Washington e Israel y una Argentina que busca aumentar su peso económico, energético, tecnológico y militar.
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL ENTRA AL DISCURSO
Uno de los elementos más novedosos de la intervención estuvo relacionado con la inteligencia artificial.
Milei rechazó la idea de imponer regulaciones anticipadas que puedan frenar el desarrollo de la tecnología antes de conocer completamente sus posibilidades.
Su gobierno pretende posicionar a Argentina como un lugar atractivo para empresas, desarrolladores e inversiones vinculadas con inteligencia artificial.
El mandatario planteó incentivos y un ambiente regulatorio favorable al desarrollo tecnológico como parte de esa estrategia.
Su mensaje fue que Argentina no quiere observar desde afuera la próxima revolución tecnológica.
Quiere participar en ella.
VACA MUERTA COMO CARTA DE PRESENTACIÓN
Milei aprovechó también la tribuna internacional para vender las posibilidades económicas de Argentina.
Destacó Vaca Muerta como una oportunidad energética de alcance mundial e invitó directamente a las compañías internacionales a invertir y desarrollar proyectos en el país.
La invitación, sin embargo, llegó acompañada de una condición.
Argentina no tratará de la misma manera a las empresas que participen en la explotación de recursos en las áreas que Buenos Aires considera bajo ocupación británica en las Malvinas.
El discurso conectó así dos asuntos que normalmente aparecen separados: la disputa territorial y la estrategia económica argentina.
Milei presentó los recursos energéticos, los alimentos, los minerales críticos, el talento humano, el Atlántico Sur y la cercanía con la Antártida como activos con los que Argentina puede recuperar influencia internacional.
Milei aprovechó también la tribuna internacional para vender las posibilidades económicas de Argentina.
Destacó Vaca Muerta como una oportunidad energética de alcance mundial e invitó directamente a las compañías internacionales a invertir y desarrollar proyectos en el país.
La invitación, sin embargo, llegó acompañada de una condición.
Argentina no tratará de la misma manera a las empresas que participen en la explotación de recursos en las áreas que Buenos Aires considera bajo ocupación británica en las Malvinas.
El discurso conectó así dos asuntos que normalmente aparecen separados: la disputa territorial y la estrategia económica argentina.
Milei presentó los recursos energéticos, los alimentos, los minerales críticos, el talento humano, el Atlántico Sur y la cercanía con la Antártida como activos con los que Argentina puede recuperar influencia internacional.
Milei llegó a Naciones Unidas para hablar ante el mundo, pero terminó colocando a la propia ONU bajo cuestionamiento.
Y desde el mismo podio del organismo internacional dejó definida la nueva línea argentina: cooperación con otros países, acercamiento estratégico a Estados Unidos e Israel, apertura a capital e innovación y una posición más activa en la defensa de las Malvinas.
“Argentina va a tomar cartas en el asunto” terminó siendo una de las frases que mejor resume el tono de su mensaje.
