James Talarico se ha convertido en una de las figuras emergentes del Partido Demócrata con una fórmula que está llamando la atención más allá de Texas, un discurso centrado en la fe cristiana, las dificultades económicas de las familias y el rechazo a que una sola organización política se presente como dueña de los valores religiosos.
El candidato demócrata al Senado federal enfrenta al fiscal general republicano Ken Paxton en las elecciones del 3 de noviembre. La competencia ha colocado nuevamente bajo observación nacional a un estado donde los demócratas no ganan una elección estatal desde 1994. Las encuestas recientes muestran una contienda cerrada y mantienen abierta la posibilidad de un resultado que altere el mapa político estadounidense.
Exmaestro, legislador estatal y estudiante de seminario presbiteriano, Talarico ha incorporado sus convicciones religiosas a su mensaje público. Cuestiona el nacionalismo cristiano y sostiene que la fe debe expresarse en la manera en que se trata al prójimo, incluyendo a quienes piensan distinto o viven en condiciones de vulnerabilidad.
Su defensa del acceso al aborto y de los derechos civiles lo ubica dentro de las posiciones demócratas, pero su lenguaje religioso le permite presentar esas ideas desde una perspectiva poco habitual en las campañas de su partido. Su apuesta busca conectar también con independientes y conservadores dispuestos a escuchar una alternativa.
El crecimiento de su candidatura tiene una expresión concreta en las aportaciones económicas. Su campaña anunció el 15 de octubre una recaudación de $64 millones entre julio y septiembre, un récord para un candidato al Senado federal durante ese periodo. Según la organización, el 97 % de las donaciones del trimestre fueron de menos de $100.
La cifra superó lo recaudado durante el mismo trimestre por Beto O’Rourke en 2018 y Colin Allred en 2024, quienes también generaron expectativas de una victoria demócrata en Texas. Ambos terminaron perdiendo sus respectivas contiendas senatoriales, un antecedente que recuerda la diferencia entre despertar entusiasmo y conquistar una mayoría electoral.
La proyección nacional de Talarico recibió un impulso importante en febrero, cuando una entrevista con Stephen Colbert quedó fuera de la transmisión televisiva en medio de una controversia sobre las reglas de tiempo igual para candidatos. La conversación se difundió por internet y acumuló millones de reproducciones. Su campaña informó que recibió $2.5 millones en aportaciones durante las siguientes 24 horas.
Esta semana, el candidato participó en un encuentro televisado con electores de distintas afiliaciones, donde respondió preguntas sobre inmigración, educación, salud y el costo de vida. Paxton declinó la invitación. El evento permitió a Talarico ampliar la exposición de sus propuestas durante la etapa decisiva de la campaña.
Los números electorales reflejan competencia, aunque no una victoria asegurada. La encuesta de octubre de Marist encontró apenas dos puntos de separación entre ambos candidatos entre los electores con probabilidad de votar. ActiVote colocó a Talarico con 51.9 % frente a 48.1 % para Paxton, una diferencia inferior al error esperado informado por esa firma.
El republicano cuenta, además, con el respaldo de grupos externos que han destinado grandes sumas a publicidad. Ese apoyo limita la ventaja que Talarico pudiera obtener de su recaudación individual y anticipa una intensa batalla por los electores durante las últimas semanas.
La candidatura de Talarico se ha convertido en una prueba para los demócratas sobre cómo competir en territorios conservadores mediante un mensaje que une convicciones personales y preocupaciones cotidianas. El próximo paso será medir cuánto de ese entusiasmo llega a las urnas. La votación anticipada comienza el 19 de octubre y termina el 30, antes de la elección general del 3 de noviembre.
