PARÍS — El descontento por las condiciones de la educación pública en Francia se extendió este sábado, 17 de octubre, a una movilización más amplia contra el costo de vida y el deterioro de los servicios públicos, con cientos de miles de personas en las calles y episodios de violencia en París y otras ciudades.
Las manifestaciones reunieron a estudiantes, trabajadores, pensionados y participantes del movimiento de los “chalecos amarillos”. Aunque numerosas marchas transcurrieron pacíficamente, en distintos puntos se registraron incendios, saqueos y enfrentamientos con la Policía.
En la capital francesa, agentes utilizaron gases lacrimógenos y cañones de agua durante los disturbios. Grupos de manifestantes lanzaron objetos contra las fuerzas de seguridad y se reportaron daños a establecimientos. También hubo incidentes en Lyon, Marsella, Burdeos y Limoges.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, condenó la violencia y aseguró que el Gobierno no se dejará intimidar. El presidente Emmanuel Macron también rechazó los ataques y prometió castigar a sus responsables. Los balances de arrestos continuaron aumentando durante la jornada.
La movilización tiene entre sus principales impulsores a estudiantes que llevan más de tres semanas denunciando falta de profesores, instalaciones deterioradas y recursos insuficientes. Los bloqueos de escuelas y las marchas han mantenido la presión sobre las autoridades educativas.
En Saint-Denis, al norte de París, las denuncias sobre las condiciones del plantel Paul Éluard, incluidos problemas de mantenimiento e infestaciones de roedores, lo han convertido en uno de los símbolos del reclamo estudiantil.
La incorporación de otros sectores amplió las exigencias hacia mejores salarios, pensiones y medidas para enfrentar la pérdida de poder adquisitivo. La participación de los “chalecos amarillos” vuelve a conectar las protestas con el movimiento que ganó notoriedad en 2018 por su rechazo al encarecimiento de la vida.
Paralelamente, las lesiones sufridas por manifestantes han provocado investigaciones y cuestionamientos sobre el uso de la fuerza policial. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, descartó declarar un estado de emergencia y atribuyó parte de los disturbios a grupos extremistas y personas que aprovecharon las concentraciones para cometer delitos.
La jornada marca una ampliación de las protestas, al unir los reclamos por mejores escuelas con demandas económicas y sociales de distintos sectores de la población francesa.


