El último debate presidencial de Brasil dejó a Flávio Bolsonaro concentrado en convertir el malestar con el costo de vida en un voto de cambio y al presidente Luiz Inácio Lula da Silva decidido a defender su gestión y poner a su adversario a la defensiva. El enfrentamiento del viernes 23 de octubre se produjo en una contienda cerrada, con encuestas que muestran diferencias estrechas antes de la segunda vuelta de este domingo.
Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, colocó los precios de los alimentos y el endeudamiento familiar en el centro de su ofensiva. Su planteamiento buscó conectar con los electores que no perciben una mejoría suficiente en sus condiciones de vida y atribuyen al gobierno la responsabilidad por sus dificultades económicas.
Lula respondió con la defensa de los aumentos salariales, los programas sociales y su trayectoria de gobierno. También procuró desplazar la discusión hacia los antecedentes políticos de su contrincante y el legado de su padre, obligando al senador a dedicar parte de sus intervenciones a responder cuestionamientos.
Las encuestas previas al debate ayudan a explicar esas estrategias. Datafolha, con entrevistas realizadas del 20 al 22 de octubre, registró un 47 % para Bolsonaro y un 46 % para Lula, con un margen de error de dos puntos porcentuales. Al considerar únicamente los votos válidos, ambos aparecen con un 50 %.
Quaest también encontró una diferencia mínima, con un 45 % para Bolsonaro y un 44 % para Lula, igualmente dentro de un margen de error de dos puntos. Por su parte, RealTime Big Data situó al senador con un 52 % de los votos válidos y al presidente con un 48 %, con el mismo margen de error. Los tres levantamientos recogieron sus entrevistas antes del encuentro del viernes.
Ese escenario dejó a Bolsonaro buscando ampliar su ventaja numérica y a Lula intentando cerrar la distancia mediante una actuación más ofensiva. El senador moderó su tono respecto del debate anterior y procuró proyectar mayor disciplina, mientras el presidente aprovechó distintos intercambios para cuestionar su preparación y sus posiciones.
El encuentro, organizado por TV Globo, transcurrió con mayor orden durante buena parte de sus más de dos horas. Las reglas limitaron las interrupciones y los desplazamientos por el escenario, lo que permitió discutir asuntos como salarios, salud pública, seguridad y programas sociales. Sin embargo, las acusaciones personales volvieron a ganar espacio en el tramo final.
Uno de los momentos más delicados para Bolsonaro ocurrió cuando aludió al dedo que Lula perdió en un accidente laboral. El presidente convirtió el comentario en una defensa de su origen como trabajador metalúrgico y exigió respeto hacia quienes sufren lesiones en el trabajo. El senador terminó ofreciendo disculpas.
En materia de seguridad, Bolsonaro insistió en una respuesta más dura contra la criminalidad. Lula llevó la discusión hacia el caso de una niña de cinco años fallecida durante una acción policial y cuestionó al senador por haber defendido como abogado a un policía señalado en el caso. La madre de la menor estaba entre el público. Bolsonaro sostuvo que no creía que su cliente hubiera disparado el tiro mortal.
Políticamente, el debate expuso las fortalezas y dificultades de ambos. Bolsonaro mantuvo el costo de vida como argumento central contra la continuidad del gobierno, pero enfrentó momentos que interrumpieron su esfuerzo por proyectar moderación. Lula mostró mayor iniciativa para atacar, aunque tuvo que defender su gestión frente a las preocupaciones económicas planteadas por su rival.
La elección enfrenta dos proyectos con consecuencias para toda América Latina. Una victoria de Bolsonaro reforzaría el espacio regional de la derecha, mientras una reelección de Lula daría continuidad a su agenda social y a su política exterior.
Con diferencias estrechas en las encuestas, el cierre de campaña queda concentrado en atraer a los electores que todavía dudan y movilizar a los simpatizantes. Tras el último enfrentamiento televisado, Bolsonaro y Lula llegan a las urnas con caminos distintos hacia una misma meta, reunir los votos necesarios para gobernar la mayor economía de América Latina.



