Socialismo y comunismo, dos conceptos relacionados históricamente pero con diferencias políticas y económicas, ocupan un lugar destacado en la campaña republicana hacia las elecciones de medio término del 3 de noviembre. El presidente Donald Trump y candidatos de su partido recurren a esas etiquetas para describir a sus adversarios demócratas, mientras las encuestas muestran una competencia que se extiende a estados de tradición conservadora.

A ocho días de las elecciones, los republicanos defienden sus mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado. Los demócratas buscan recuperar el control legislativo y ampliar su presencia en las gobernaciones, con oportunidades en Texas, Iowa, Ohio y Alaska.

Las tendencias nacionales favorecen a los demócratas en la disputa por la Cámara de Representantes. En el Senado, la oposición enfrenta un camino más exigente. Los republicanos cuentan con 53 escaños frente a 47 del bloque demócrata e independiente, por lo que los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro para alcanzar la mayoría. Una distribución de 50 a 50 dejaría el voto de desempate en manos del vicepresidente JD Vance.

En ese escenario, Trump ha intensificado sus señalamientos contra la orientación ideológica del Partido Demócrata. Durante una convención republicana celebrada en septiembre, el presidente calificó a sus adversarios de comunistas y rechazó describirlos como socialistas o demócratas. Otros candidatos y organizaciones conservadoras han incorporado advertencias similares en anuncios y actividades electorales.

Aunque ambos términos aparecen vinculados en esos mensajes, no significan lo mismo. El socialismo comprende distintas corrientes que promueven formas de propiedad social o control democrático de la economía. El comunismo, en su formulación marxista, propone una sociedad sin clases y con propiedad común de los medios de producción.

También existen diferencias entre el socialismo democrático, que defiende las elecciones competitivas y las libertades políticas, y los sistemas de partido único establecidos históricamente por gobiernos comunistas. El respaldo a programas sociales, regulaciones o servicios públicos dentro de una economía capitalista tampoco convierte por sí solo a una organización política en socialista o comunista.

El Partido Demócrata reúne sectores moderados, liberales, progresistas y dirigentes que se identifican con el socialismo democrático. Ante los ataques republicanos, decenas de candidatos demócratas han suscrito compromisos en defensa del capitalismo y han destacado sus posiciones económicas para responder a las acusaciones.

La discusión ideológica coincide con una campaña marcada por el costo de vida y la evaluación del desempeño presidencial. Los republicanos presentan la elección como una decisión entre dos proyectos de país, mientras los demócratas concentran sus mensajes en precios, servicios de salud y condiciones económicas.

Texas figura entre las contiendas que han ampliado el mapa competitivo. El demócrata James Talarico disputa el escaño del Senado con el republicano Ken Paxton. Una encuesta de la Universidad de Houston divulgada en octubre colocó a Talarico con 48 % frente a 46 % de Paxton, una diferencia estrecha que mantiene abierto el resultado.

Una victoria de Talarico representaría el primer triunfo demócrata en una elección estatal de Texas en más de tres décadas. Sin embargo, la misma encuesta mostró al gobernador republicano Greg Abbott por delante de la demócrata Gina Hinojosa, evidencia de que las distintas candidaturas no avanzan necesariamente al mismo ritmo.

En Iowa y Ohio, encuestas realizadas del 9 al 13 de octubre también registraron ventajas estrechas para los candidatos demócratas al Senado. En Ohio, el exsenador Sherrod Brown busca regresar a la cámara alta frente al republicano Jon Husted.

Las gobernaciones de ambos estados presentan oportunidades adicionales para los demócratas. En Iowa, Rob Sand aventajaba al republicano Zach Lahn, mientras en Ohio Amy Acton encabezaba la contienda frente a Vivek Ramaswamy, 49 % frente a 44 %. Un triunfo de Sand devolvería a los demócratas una gobernación que no ocupan desde 2011.

En Alaska, Jonathan Kreiss-Tomkins compite por recuperar para los demócratas una gobernación que su partido no ocupa desde 2002. El sistema de voto por orden de preferencia añade un elemento particular a esa elección, pues el resultado puede depender de cómo se distribuyan las preferencias posteriores de los electores.

Las oportunidades demócratas conviven con contiendas cerradas y diferencias entre estados. Las encuestas nacionales no determinan por sí solas el control del Congreso, que dependerá de los resultados en distritos y elecciones senatoriales específicas.

En la recta final, los republicanos mantienen las advertencias sobre socialismo y comunismo como parte de su mensaje electoral, mientras los demócratas buscan convertir el descontento económico en ganancias legislativas. El 3 de noviembre se determinará si esa competencia produce un cambio de mayoría en una o ambas cámaras y hasta dónde se extiende a las gobernaciones.

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