Una ola demócrata se extendió por estados competitivos y bastiones republicanos durante las elecciones de medio término, con victorias que colocan al partido en posición de controlar la Cámara de Representantes y el Senado a partir de enero, según las proyecciones disponibles durante la madrugada del miércoles.
El resultado transforma el escenario político para los últimos dos años de la presidencia de Donald Trump. Los republicanos perderían el control de ambas cámaras y la Casa Blanca enfrentaría una oposición con capacidad para dirigir comisiones, impulsar investigaciones y condicionar su agenda legislativa.
La magnitud del avance quedó reflejada en siete escaños senatoriales actualmente republicanos, con victorias proyectadas de Roy Cooper en Carolina del Norte, Sherrod Brown en Ohio, James Talarico en Texas, Annie Andrews en Carolina del Sur, Adam Hamilton en Kansas, Josh Turek en Iowa y Troy Jackson en Maine.
Texas, Kansas y Carolina del Sur se convirtieron en símbolos de una noche que desbordó el mapa tradicional de estados competitivos. Las victorias demócratas alcanzaron territorios donde el partido llevaba décadas sin conseguir un triunfo senatorial.
En Maine, la derrota de Susan Collins frente a Jackson añadió otro cambio significativo al balance. Los demócratas también conservaron puestos importantes, con las victorias proyectadas de Jon Ossoff en Georgia, Peggy Flanagan en Minnesota y Abdul El-Sayed en Michigan.
El avance se extendió a las gobernaciones. Gina Hinojosa en Texas, Amy Acton en Ohio, Rob Sand en Iowa y Keisha Lance Bottoms en Georgia consiguieron victorias que arrebatan a los republicanos el control de esos gobiernos estatales.
En la Cámara de Representantes, la proyección de mayoría demócrata abre el camino para un cambio de dirección y coloca a Hakeem Jeffries como figura central de la nueva etapa legislativa. La elección de quien presidirá ese cuerpo corresponderá a sus integrantes cuando se organice el nuevo Congreso.
El costo de vida y el descontento con el rumbo del país estuvieron entre las preocupaciones destacadas por los electores. El alcance de los resultados supone un revés político para Trump, aunque las contiendas pendientes todavía determinarán el tamaño definitivo de las mayorías.
El nuevo balance obligará a negociar presupuestos y legislación entre un Congreso demócrata y una presidencia republicana. El Senado también tendrá un papel decisivo en la consideración de los nombramientos judiciales y del gabinete que someta la Casa Blanca.
Las proyecciones permanecen sujetas al escrutinio y a la certificación oficial. Sin embargo, el balance de la noche ya apunta a un cambio de poder en Washington, acompañado de avances demócratas más allá del Congreso.
