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Brasil entra en la recta final con Bolsonaro fortalecido ante una posible segunda vuelta

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Brasil llega a las urnas este domingo con Lula todavía al frente en la primera vuelta, pero con Flávio Bolsonaro fortalecido en los escenarios de balotaje. La clave podría estar en cómo se redistribuya el voto de centro, centroderecha y derecha, en medio de una tendencia regional que ha favorecido a sectores conservadores en distintos países de América Latina.

Brasil se encamina este domingo a una de las elecciones presidenciales más cerradas de los últimos años, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva todavía al frente en la intención de voto de primera vuelta, pero con Flávio Bolsonaro llegando fortalecido a un escenario en el que la verdadera batalla podría comenzar después de cerradas las urnas.

A solo días de la elección, la distancia entre los dos principales candidatos se ha reducido considerablemente y las simulaciones de una segunda vuelta muestran una competencia prácticamente empatada.

La última medición nacional de Datafolha coloca a Lula con 40% de intención de voto frente a 36% de Bolsonaro en primera vuelta. Sin embargo, cuando la encuesta plantea un enfrentamiento directo entre ambos, la diferencia se reduce y permanece dentro del margen de error.

Es precisamente ahí donde comienza una segunda lectura de la elección brasileña.

Los candidatos que aparecen detrás de Lula y Bolsonaro reúnen una porción del electorado que, en varios casos, se ubica ideológicamente entre el centro, la centroderecha y la derecha. Esa composición abre para Bolsonaro una posibilidad de crecimiento importante si la elección llega a una segunda vuelta.

Las mediciones de Datafolha muestran que una parte importante de los votantes de candidaturas conservadoras o de centroderecha tendría mayor afinidad con Bolsonaro que con Lula en un eventual balotaje.

Aunque esos grupos representan porcentajes menores por separado, su peso conjunto puede resultar determinante en una elección cerrada.

Bolsonaro tiene así un espacio de crecimiento vinculado a la consolidación de sectores conservadores y de centroderecha que en primera vuelta permanecen distribuidos entre distintas candidaturas.

Lula enfrenta una dinámica diferente.

El actual presidente ya concentra buena parte del electorado tradicional de izquierda desde la primera ronda. Para ampliar su ventaja en una segunda vuelta necesitaría no solamente retener ese bloque, sino atraer electores de centro, independientes y votantes que actualmente respaldan candidatos fuera del Partido de los Trabajadores.

Brasil entra además en estas elecciones dentro de un escenario latinoamericano distinto al que existía cuando Lula regresó a la presidencia.

En diferentes países de América Latina han ganado espacio durante los últimos ciclos electorales fuerzas de derecha y centroderecha, muchas de ellas apoyadas en discursos sobre seguridad pública, costo de vida, reducción del papel del Estado, rechazo a estructuras políticas tradicionales y oposición a gobiernos de izquierda.

Brasil no necesariamente reproducirá de manera automática ese comportamiento regional, pero tampoco está aislado de esa tendencia.

El crecimiento de Bolsonaro durante los últimos meses demuestra que la derecha brasileña continúa teniendo una capacidad de movilización considerable.

En junio, Datafolha colocaba a Lula con una ventaja de alrededor de diez puntos. Para finales de septiembre, esa distancia se había reducido significativamente.

Bolsonaro también presenta fortalezas marcadas en sectores específicos del electorado, particularmente entre votantes evangélicos, sectores conservadores, parte del empresariado y regiones donde la derecha mantiene una presencia política importante.

Lula conserva, entretanto, una ventaja amplia en el Nordeste y mantiene una posición fuerte entre los electores de menores ingresos y beneficiarios de programas sociales.

El resultado muestra un Brasil profundamente dividido tanto política como territorialmente.

Otro elemento que hace particularmente competitiva una segunda vuelta es el rechazo. Las mediciones recientes reflejan niveles elevados y similares de rechazo hacia los dos principales candidatos.

Eso significa que ninguno entra en la etapa decisiva con capacidad evidente de dominar al otro. Pero existe una diferencia importante en la dinámica de crecimiento.

Bolsonaro puede encontrar después de la primera vuelta un electorado ideológicamente próximo que actualmente está dividido entre candidatos conservadores, liberales y de centroderecha. Lula, por su parte, ya concentra desde la primera vuelta una proporción significativa del voto de izquierda.

Ese fenómeno ayuda a explicar por qué Bolsonaro puede aparecer detrás de Lula en la primera ronda y, al mismo tiempo, quedar prácticamente empatado cuando la elección se reduce a un enfrentamiento directo.

São Paulo, Minas Gerais y otras regiones con gran peso electoral serán fundamentales para determinar si Bolsonaro logra consolidar un bloque suficientemente amplio de derecha y centroderecha o si Lula consigue atraer una franja de votantes moderados que no necesariamente se identifican con el Partido de los Trabajadores.

El escenario que se abre después del domingo, por tanto, podría ser muy diferente al resultado inicial.

Si Lula termina primero pero no alcanza la mayoría absoluta de los votos válidos, Brasil entrará en varias semanas de negociación política en las que los respaldos de los candidatos eliminados, gobernadores, alcaldes, sectores empresariales, iglesias y organizaciones políticas tendrán un peso considerable.

Para Bolsonaro, la estrategia será intentar convertir esa etapa en una reunificación de la derecha y la centroderecha brasileñas.

Para Lula, el desafío será impedir que esa transferencia se produzca en bloque y construir una coalición suficientemente amplia entre la izquierda y el centro para conservar la presidencia.

La tendencia política reciente de América Latina añade otro elemento a una elección que ya se encuentra altamente polarizada.

Brasil representa la mayor economía y el país más poblado de la región. El resultado tendrá implicaciones políticas que trascenderán sus fronteras y será observado como una nueva prueba de hasta dónde puede extenderse el avance de fuerzas conservadoras en América Latina.

Las elecciones del domingo determinarán quién llega primero.

Pero si ninguno obtiene más de la mitad de los votos válidos, la pregunta más importante será hacia dónde se moverán los millones de electores de centro, centroderecha y derecha que actualmente no votan por ninguno de los dos principales candidatos.

Es en esa redistribución donde Bolsonaro encuentra una de sus principales oportunidades para transformar una desventaja de primera vuelta en una competencia abierta por la presidencia de Brasil.

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